La cabecita despierta, orgullo de su mama, el niño creció en su casa , de adolescente quería asomar. Resbalando las veredas, el barrio lo encandiló, dando vuelta las esquinas, toco placeres tocó dolor. Se enamoro de la vida, todos los días todas las noches, desayuno con las damas, la cena se la salteó. Va caminando sin rumbo, lleva la calma del vagabundo, pero dejando la vida, donde mande la ocasión. Viejo divino adonde vas, yo se muy bien que no querés mirar atrás, final amargo solo queda hoy, tu perro flaco, y el fondo de un vino pa'entibiar. Después de las juventudes, cansado de tropezar, Pero algunos pajaritos, no se pued...