Me agarró con fuerza de la mano. Yo sonreí e ingerí otro rohipnol. Éramos sólo dos perros abandonados, perdimos el control. Caminamos deprisa y sin rumbo. Aquel día abrasaba el sol. Cruzamos corriendo las Siete Autopistas, perdimos el control. Conocimos a una tal Amparo. Dijo: "No hay más que alivio y dolor." Nos guió hasta aquel cementerio de gatos en el que perdimos el control. Y quisimos salir de allí. La miré y ella balbuceó. Ocurrió algo confuso y después la perdí, habíamos perdido el control. Y nos creímos ángeles, y hasta ella quiso volar. Y lo hizo tras dejarme aquel mensaje aún por contestar: "¿Dónde estás, corazón?¿Te ha...