Lo intenté por tercera vez, me enfundé en mi traje beige, miré hacia el suelo y me santigüé, te encontré entre los escombros. Y aún quedaba un muro en pié, te vi apoyada en él y creo que lo hacías para no perder la fe, el Cristo en la pared se encogió de hombros. Y tú con tu voz, esa voz y tu pálida piel, con tu brillo en tu pelo de trigo, con ese otro brillo que imagino tras tu abrigo. Pasaste estos últimos inviernos al calor de un infierno construido en el amor para acabar en demolición. Me dices ahora ya estás advertido, no te fíes de un animal herido ¿Y qué te iba diciendo yo? Me he perdido. Lo intenté siete veces más, quería ...