El peligro es no encontrar jamás tu sitio y sentir que ya llegaste sin salir. El peligro es el fantasma que planea sobre aquello que juraste un día alcanzar, y te ata de las manos mientras graba en tu pellejo una cifra, una letra y a volar, una cifra, una letra y a volar. El peligro es perder a quién se ama con la furia que desata el huracán, comprobar que en casa ya no espera nadie y que no hay nadie a quien puedas esperar, y que no hay nadie a quien puedas esperar. Y correr dicen que es cosa de cobardes, pero todos somos carne de cañón; yo lo soy y no me importa confesar que más que nadie, pero ¿aquí, quién no es cobarde por am...