Hecha un mar de lágrimas al verlo allí en la cruz. Se acordó del niño que ella misma diera a luz. Y entre el firmamento, y su mirada de dolor, bien supo serle fiel a tanto amor. No rompió el silencio cuando el Cielo se quebró. No volteó sus ojos al final cuando expiró. Se sintió caer pero, asimismo, no cayó. Y amó a pesar de que el mundo lo entregó. Sin preguntar por qué todos perdonó, pues entendió el amor. Ella entendió el amor, que le enseñó. Entre la llovizna, la tristeza y el temor, lo tomó en sus brazos cuando ya no respiró. Junto con su alma le traspasó el corazón la espada que esa cruz todo lo consumó. No rompió el silen...