Mira como se me pone la piel cuando te recuerdo. Por la garganta me sube un río de sangre fresca de la herida que atravieza de parte a parte mi cuerpo. Tengo clavos en las manos y cuchillos en los dedos y en la sien una corona hecha de alfileres negros. Mira como se me pone la piel cada vez que me acuerdo que soy un hombre casado y sin embargo te quiero. Entre tu casa y mi casa hay un muro de silencio de ortigas y de chumberas de cal, de arena y de viento de madreselvas oscuras y de vidrios en asecho y un muro para que nunca lo pueda saltar el pueblo que está rondando las llaves que guarda nuestro secreto. Y yo se bien que me quiere...