Se llamaba piel y era como la tarde, tan dorada como el sol sobre la miel, por su forma de reir por su mirada, casi ingenua y procaz a la vez. La llamaban piel y ella lo sabia, lo sabia y explotaba su niñez, hasta que un día la tarde se lo dijo: ¡cuídate, cuídate, cuídate!. Que será de aquella flor de piel que será de su mirada que será cuando un otoño cruel le madure y marchite su piel....