Aparece, empuña su belleza y la ciudad retrocede un instante... Yo la miro desde el fondo del oleaje del recuerdo de los besos que perdimos en combate Saltábamos, canguros, de bar en bar, eran años chiflados Napoleones que juraban lo injurable en la placita del barrio Fueron tiempos deliciosos, yo sé, la vida te da y te come Años de salir a revisar los bolsillos de la noche... Me decía: “usemos las estrellas de zaguán, ayudáme a ver el cielo”, “al fin de cuentas todos somos causas perdidas, de la carne a los huesos” Y hoy ando acobardado de verla así, con esa niebla en los ojos “hace rato que nadie pasa por acá, colega, ¿te podrá...