Comenzamos el duelo vestidos de lucha rodando en el suelo y después en la cama continuó la batalla, yo quite aquel muñeco de trapo que al mes tu me habías regalado, para hacer un espacio y tenderme a tu lado y en el último broche al talud de la noche nos hizo estallar. Fui bajando mi escudo con cierta torpeza hasta verme desnudo del miedo y tener la certeza del modo de dartelo todo y hacerte feliz, y en tu cuello alargado besé el infinito llevamos la voz hasta el borde de un grito y colgados de un beso ligeros sin peso quedamos los dos. Emprendimos un viaje directo hasta el cielo mientras que la luna bordada de estrellas brillaba ...