Recorro a diario una franja de costa de arena blanca de sol y de sal que golpea eternamente noche y día el oleaje del mar. Aquí he venido a dar por accidente para afrontar la existencia y azar que lleve el náufrago de sus anhelos y la tempestad. Mis caminatas se han vuelto el objeto de cada mañana que salgo a buscar en la distancia la vela de un barco que algún día vendrá. (IGUAL QUE AL PRINCIPIO) Le di por nombre “la Isla del Olvido” y entre otras cosas me puse a juntar la variedad de formas de botellas que abandona el mar. Y así encontrando ya hace mucho tiempo en una de ellas me hallé esta señal: “sigo esperado por ti cada o...