Me gustaban sus caricias y su pelo y mis labios en su piel. Y el aroma de ese perfume indiscreto que acostumbraba en el cuello Me gustaba su llegada y la esperaba asomado a la ventana desde donde veo pasar el vaivén de un mundo tan desconocido que no sé si la he encontrado allí, o quizá en otro lugar las bancas que le hacían lugar también lo íbamos a intentar. Me gustaban las bombillas, los días de sombrillas, y tener su mano después, Ay, y cómo me gustaba besarla y mirarla, Me gustaba la llegada de las horas de llover. Y aunque a días sus imposibles me los contagiaba a mí le conservo en la fotografía que no le devolví. Ella h...