El es de una especie irreverente, que detesta la solidaridad. Le gusta estremecerse en esa ciencia, de darse todo, en contra de los demás. Carga un gesto promedio, entre rudo y cordial, simula ser hombre de mundo, para humillar de local. Se hamaca, esquiva el centro, pendula por la extremidad, y, en cuanto se queda quieto, se empieza a incomodar. Cualquier indicio de brillo él cree que es superstición, con tal de no conectarse esquiva cualquier emoción. Y no está solo, no está solo, no está soliiiiiiito. Buscando una ropa, una capa, una armadura celestial, o algo que lo recubra, lo distinga de los demás. Siempre y cuando lo esconda ...