En tiempos de Dios sobre un altar, su rostro surgió de entre tinieblas. Sembrando el terror, llevando el mal, torturas, horror, muerte y hogueras. Cobarde y traidor, oculto tras falsas creencias, verdugo a la vez que orador que se oía reír con cada condena La iglesia en sus manos delegó, cayó y otorgó y ahora lamenta. No importa tu edad ni religión, no importa el color, sólo eres leña. Ojos que no ven corazón que no siente aunque pesa. La historia os recuerda el error, responded ante Dios o a...