El perfume de su almohada, tú lo conoces bien, y la humedad de sus sábanas blancas también. Qué suerte la tuya, que puedes tenerlo a tus pies, sintiendo en tu boca, sus besos que saben a miel. Mirando como le hablas de amor, el tiempo no se detiene, y nada tengo yo que esperar, aunque me quede en el aire. Quién como tú, que día a día puedes tenerle, quién como tú, que sólo entre sus brazos se duerme, quién como tú. Quién como tú, que tarde a tade esperas que llegue, quién como tú, que con ternura curas sus fiebres, quién como tú. Esas noches de locura tú las disfrutas bien y entre sus brazos las horas no pasan, yo lo sé...