Esa mujer desviste con latidos todos los suspiros que no pude dar, y en su mirada inhumo mis heridas sollozando “mira que no puedo más”. Esa mujer es mi cómplice cuando decide imaginar. Esa mujer es mi boca vacía que ha esperado el día de recomenzar, y la nostalgia de media banqueta que no tiene dueña para navegar. Esa mujer es mi cómplice tras la lluvia en el cristal, esa mujer es un corazón que está escondido en algún mar. Esa mujer me está llevando al borde del abismo, no sabe que le digo te amo sin jamás decirlo. Y que lejano de su soledad la escucho sollozar cuando buscándome a mí se topa con la pared de su cansada niñez re...